¿Quién nos salva de los vigilantes?

The Boys

Además, o al margen, de los tradicionales y más conocidos comics de Marvel y DC, existe una línea de «historietas» y novelas gráficas que podríamos llamar críticas al modelo habitual de vigilantes o superhéroes garantes de la paz. Éstas comparten un rasgo común: cuestionan la legitimidad de un poder alternativo al de la sociedad civil para controlar los “comportamientos desviados”, es decir, a los villanos.

Como lectores o espectadores de las historias más populares de DC y Marvel damos por supuesto que el objetivo de las acciones de héroes y heroínas, independiente de sus métodos (ver entrada Daredevil), están encaminados a mantener la paz, la justicia y salvarnos de los malos, cuando no del mal.

Sumemos que la policía, el poder judicial y los políticos, son presentados como ineptos o corruptos, la consecuencia es lógica: sólo los súpers pueden combatir las amenazas. Pero no tiene por qué ser así.

Vigilantes

Watchmen – de Alan Moore y Dave Gibbons – ya en los años 80’ ponía en tela de juicio este principio básico del universo de personajes superheroicos. Tanto la película como la reciente serie de HBO comparten la misma premisa: “¿Quién vigila a los vigilantes?”.

The Boys, serie de Amazon Prime basada en los comics de Garth Ennis dibujada por Darick Robertson, lleva esta propuesta al extremo, configurando “un mundo donde los superhéroes y los supervillanos campan a sus anchas, con todos los medios de comunicación a sus pies, dispuestos a  encubrir sus múltiples accidentes y muertes por error” (Norma Editorial).

En este universo, los súperpoderes se reparten entre muchos personajes, pero el culmen son «Los Siete«, una élite que vive en el rascacielos de la poderosa corporación Vought International. Representan la aspiración de cualquiera de los héroes de segunda y tercera, además de tener muchísimos seguidores incondicionales que no se cuestionan su legitimidad.

Héroes, influencers y capitalismo
Mujeres poderosas, inspiradoras y… sexis. Influencers totales.

Un elemento diferenciador a esta saga respecto a otras ficciones basadas en comics, es que incorpora al poder económico y financiero como elemento crucial del relato. Vought International Co, es la empresa que congrega, sostiene y administra a los superhéroes y se lucra de ellos. Para eso invierte en marketing y lobbys, sacando jugosas ganancias a través de merchandising, películas y presencia mediática. Y no les va mal.

Por otro lado, la corporación produce y comercializa el misterioso Componente V, que también le aporta pigües ganancias (no desvelo cuál es su rol en la trama, para no destriparla).

¿Buenos y malos? ¿Quién es qué?

Los Siete paladines de Vought esconde un lado muy oscuro: es un mix de egos, psicopatía, rivalidades, abusos (sexuales incluidos), y “hombres para todo” que mucho se alejan de la visión idealizada de La Liga de la Justicia o los Vengadores, sólo por citar dos de las muchas «asociaciones» de héroes voladores y repartidores de tortas.

Soy el más grande, poderoso (y sanguinario) de los superhéroes.

El Patriota (Homelander, Antony Starr) y toda la red que tiene bajo su control, es el verdadero villano. A través de un juego de múltiples capas que incluye manejo de opinión pública y encubrimiento, se esconde un verdadero psicópata, controlador, inescrupuloso y sin miedo alguno a matar -literalmente- a quien se le atraviese en su camino.

Por otro lado, Los Boys, que dan nombre a la serie, no son precisamente modelos de comportamiento. Originalmente reclutados por agentes de alto rango de la CIA, aunque en realidad van por libre, están conjurados para desenmascarar lo que se esconde tras las “siete” estrellas de Vaugh Co, y todo lo que esconde la omnipresente compañía.

Están capitaneados por Billy Butcher (Karl Urban), para quien su motivación principal no es la justicia sino la venganza. Está obsesionado con acabar con el Patriota a quien acusa de la desaparición de Rebecca, su esposa.

Como se ve, al equipo no lo mueven intenciones nobles, su afán de destruir a la corporación y su pléyade es porque cada uno se la tiene jurada por algo. Son unos zafados, están en constante conflicto entre ellos y viven en un estado precario y bajo amenaza permanente. Así y todo, y a pesar de ser “unos perdedores”, son los personajes con los que nos identificamos. Al fin y al cabo, son más débiles, tienen que tirar de ingenio más que de poderes sobre humanos y están fuera del sistema.

Reflejo de los tiempos

Además de parodiar a los superhéroes y de los altos niveles de violencia, una de las señas de identidad de la serie es su mordaz reflexión sobre el momento social y político.

Un toque de racismo (y sadismo) tampoco hace mal… a los nuestros

Tras el despliegue de superpoderes, testosterona, sexualizados «outfits» femeninos, cuerpos reventados, extremidades que saltan por los aires, bulling y otras imágenes de alto impacto visual (lo menciono por si te animas a verla, sepas lo que te vas a encontrar) hay una fuerte crítica al capitalismo sin control, a la manipulación informativa y a la docilidad de los ciudadanos que nos tragamos noticias y decisiones políticas sin cuestionar, o que aceptamos que se limiten nuestros derechos como algo normal, o incluso deseable.

En la segunda temporada, con un indisimulado apego al momento político de EEUU, trata la supremacía blanca y otros temas que asociamos a la era Trump (Por cierto, el racismo imperante en Estados Unidos también es tratado en Watchmen de HBO).

¿Nos cuidan o nos controlan?

A partir de lo anterior, uno de los valores a resaltar de la serie, si miramos con atención, es que cuestiona, y nos interpela a hacerlo, el  rol de la ciudadanía en la regulación del funcionamiento de la sociedad. Alienta nuestra actitud crítica y la voluntad de protagonizar los procesos sociales y políticos, nos conmina a tener opinión y actuar con responsabilidad. (Sobre esto, reflexionamos en la entrada de Un Millón)

Qué mejor que alguien dispuesto a hacer lo que le pidan y sin decir palabra.

Por ejemplo, a medida que avanza la trama, se tensa la relación entre el poder político y económico, y plantea la dualidad seguridad v/s libertades.

Como en recientes hechos, las motivaciones que alientan incursiones  contra la democracia no son diferentes de las que inspiran a «Los Siete«. Como tampoco lo son las del propio equipo de The Boys. Fuerzas que pretenden lograr objetivos, mantener su poder o desbancar a otros al margen de los cauces legítimos.

Cerrando con una comparación de estas ficciones críticas del mundo de los súperhéroes: donde Watchmen se pregunta ¿Quién vigila a los Vigilantes? The Boys plantea ¿Quién nos salva de nuestros salvadores? En ambos casos, la respuesta la tenemos l@s ciudadan@s.

Mira con atención

¿Cuál es tu nivel discernimiento sobre lo que te llega por los medios? ¿Tragas todo lo que te dicen? ¿Difundes “verdades” aún sin confrontarlas?

Para ti, ¿en quién descansa la responsabilidad sobre la convivencia social y política?

¿Cuánta necesidad tienes de «vigilantes» que velen por tu tranquilidad y la de los tuyos?

Si quieres, nos puedes dejar tu súper comentario.

The Boys (2019 -)

Creador: Eric Kripke , Basado en el comic de Garth Ennis  y Darick Robertson.
Con: Karl Urban, Jack Quaid, Antony Starr, Erin Moriarty, entre otros.
Original de Prime Video (Amazon)

IMDB

Curiosidad y morbo versus compromiso social

Un Millón (Cortometraje)

En nuestras últimas dos entradas hemos mirado con atención la película El Show de Truman en la cual el tema es el cruce entre la realidad y la ficción en la televisión.

Para esta entrega he escogido un cortometraje español del guionista y director Álex Rodrigo que habla también de los alcances de la televisión cuando se cruza «la realidad» con la ficción en un ejercicio de metalenguaje.

El argumento

Un trío de terroristas secuestra a Basilio (Juanjo Artero), un poderoso presentador de programas de telebasura – Rescátame- con una larga trayectoria y discutibles métodos. En un sitio web que transmite en directo el secuestro, lanzan este desafío: «si en las próximas horas entran un millón de personas a nuestro sitio, mataremos a Basilio en directo.»

Considerando que su temática está inmersa en el uso insurgente de las nuevas tecnologías -en este caso Internet y los vídeos en streaming-, es  una historia muy emparentada con la serie británica Black Mirror, que nos devuelve el reflejo más oscuro de lo que puede ocurrir con los nuevos desarrollos tecnológicos de la comunicación e información y cómo afectarían nuestras vidas.

Aquí puedes ver el corto completo:

Un Millón explora los límites del uso de la tecnología en pos de un objetivo reinvindicativo: asestar un gran golpe a los programas del corazón, lo que solemos llamar («los bienpensantes» no sus creadores ni espectadores) telebasura. Continuar leyendo «Curiosidad y morbo versus compromiso social»