Una condena nada dulce

El Guardián Invisible

Lluvia, un cuerpo sin vida junto a un río, una investigadora con un pasado tormentoso, un ser misterioso que cuida el bosque, y más lluvia.

El miércoles pasado me he vestido de gala para ir al estreno de El Guardián Invisible con toda la parafernalia que se despliega en estos eventos, incluido photocall y palabras del director y la protagonista.

Hoy voy a proponer una reflexión a partir de los diálogos de uno de los personajes de este thriller.

De qué va la película

“En los márgenes del río Baztán, Navarra, aparece el cuerpo desnudo de una adolescente de un modo que relaciona ese crimen con un asesinato ocurrido un mes atrás. La inspectora Amaia Salazar (Marta Etura) dirige la investigación que llevará de vuelta al pueblo donde creció y del que ha tratado de huir toda su vida. Enfrentada con las complicadas derivaciones del caso y sus propios fantasmas, la investigación de Amaia es una carrera contrarreloj para dar con un implacable asesino en una tierra fértil en supersticiones y brujería. (FILMAFFINITY).

Podría decir que es un poco de El Silencio de los Corderos (El silencio de los Inocentes) “a la navarra” con un toque mágico; mucha lluvia y una naturaleza exuberante, incluso agobiante.

El relato combina las peripecias policiales, incluyendo el clásico Whodonit (quién lo hizo) con el conflicto familiar de la protagonista: un submundo de resentimientos y silencios arrastrados.

Todo queda en familia

Estos fantasmas se encarnan especialmente en la tensión de Amaia con Flora, la hermana mayor (Elvira Minguez), que se queja de haber dedicado su vida a cuidar a la madre psicópata  y al negocio familiar. Esta vida la ha ido secando por dentro y acumulando un resentimiento abrumador.

Flora ha quedado  adherida a su madre y así se lo echa en cara a su hermana en la comida en que se destapan trapitos. Amaia se defiende argumentando que nadie la ha obligado a hacerse cargo que ella, que le ofreció dinero para ingresar a la madre en una residencia si se le hacía muy pesado sostenerla.

Pero para Flora retirar a su madre en una casa de reposo era algo inadmisible como hija. En esta idea veo un ejemplo claro de pensamiento binario: para ella o se es una buena hija o se ingresa a la madre en una residencia. (Ver qué te pierdes pensando sólo en 1 y 0).

A pesar de sus esfuerzos, la desequilibrada madre ha terminado no en una apacible residencia de ancianos sino que en un psiquiátrico.

En la misma cena la herm ana mayor le espeta a Amaia que mientras se fue a hacer su vida en el FBI, además de la madre, con su hermana se tuvo que hacer cargo del negocio familiar, el obrador Dulces Salazar donde se preparan con excelencia productos típicos de la zona.

– Es muy fácil irse a otro país, postular al FBI, formarte y trabajar con ellos, ser inspectora de la policía floral y volver aquí como si nada…

Te propongo mirar con atención: la idea de “hacerse cargo del negocio familiar”. Es una recriminación que se ve con frecuencia cuando uno de los hermanos se ha ido lejos a hacer su vida. Es quizá un poco cliché, pero no por ello pierde fuerza la distorsión cognitiva que hay detrás de esa condena.

“Hacerse cargo del negocio familiar”

¿Qué lleva a Flora a entender el negocio familiar como algo obligado o como una condición natural inevitable?

Un negocio es una manera de ganarse la vida, una herramienta para la subsistencia. Es cierto que hay emprendimientos que tienen un significado especial, emocional, porque encierran un sueño familiar, un anhelo del emprendedor original, generalmente madre o padre o ambos, que sueña con que su creación no muera tras su ausencia, y al mismo tiempo, o especialmente, que sirva para el bienestar de sus hijos.

Y partiendo de ahí puntualizo que:

  1. La empresa familiar no es un ser vivo al que haya que cuidar; no es un pariente, ni siquiera una mascota a la que hay que mantener con vida y en buenas condiciones.
  2. Es un obsequio que hace el creador del negocio –diremos los padres- a sus hijos. Como buen regalo puede ser aceptado o no; y si se ELIGE recibirlo, se puede aprovechar mientras cumpla el objetivo para el que fue obsequiado, dar un modo de sustento a los hijos. Pero si deja de aportar bienestar o una forma de ganarse la vida, deja de tener sentido mantenerlo.
¿Regalo o condena? Todo depende de tu propio juicio
“Tengamos la fiesta en Paz”

El regalo no puede ser una condena y la buena de Flora lo vive como una cadena que va desde su tobillo hasta una bola de acero.  Culpa a esos hornos y amasadoras, a la tarea diaria de preparar los productos, de venderlos, de llevar la contabilidad de sus insatisfacciones vitales

También lo enlazo con la entrada de la semana pasada, el de las elecciones. Continuar el negocio familiar es también una elección y como tal hay que asumirla. Si ha sido una decisión más o menos consciente es materia de análisis de cada uno.

Entiendo que bajo el reclamo de Flora hay un río de emociones aplacadas y conversaciones que no se tuvieron en su momento. Hay mucha historia más allá de los panes y pasteles.

¿Por qué convertimos lo que ha sido un regalo y una opción en una carga? ¿Es sólo un recurso de Flora para victimizarse o es que de verdad ha convertido los dulces Salazar en una amarga mochila?

Ella se quedó y la hermana menor se fue. Ese es el hecho. Las explicaciones son muchas y ninguna.

Mira con Atención

¿Eres consciente de las cosas, lugares, actividades a las que te has adherido sin que sea necesario hacerlo?
¿Qué cosas vives como una obligación cuando si lo miras con perspectiva no lo son?
¿Hay regalos que has aceptado y convertido en una carga para ti (y para los que te rodean)?

El Guardián Invisible (2017)

Guión: Luiso Berdejo, basado en la novela de Dolores Redondo.

Dirección: Fernando González Molina

Con Marta Etura, Nene, Elvira Mínguez, Frances Orella, Pedro Casablanc entre otros.

IMDB

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