Trascender nuestro día a día… de la Marmota.

Sensación de repetición infinita, de atasco, de hastío. «Otra vez lo mismo». Phill necesita recorrer un larguísimo camino para encontrar un sentido, seguir adelante, trascender. ¿Cuán extenso puede ser tu trayecto?

A pesar que en España se tituló Atrapado en el Tiempo y en Latinoamérica Hechizo del Tiempo, hoy todos conocemos esta película como El Día de la Marmota, su nombre original. Este título se ha convertido en “una expresión asimilada por el léxico popular para expresar el hastío vital y, en el ejército de Estados Unidos, para indicar que la jornada ha transcurrido sin contratiempos”. (Vanity Fair)

En días de confinamiento o cuarentena, esta comedia, dadas las aparentes similitudes con lo que puedes estar viviendo, se vuelve más actual que nunca.

La historia de Phill (Bill Murray), que se levanta el 2 de febrero una y otra vez, y otra vez… en su estreno en el año 1993′ tuvo un paso “correcto” por los cines, pero es indudable que con los años esta historia se valora cada vez más. Reconocemos en ella el profundo regalo que es para los espectadores, y que no pierde vigencia.

Comedia profunda

Rastreando en Internet he leído que alguien calculó cuántas veces se repite ese 02 de febrero, según cifras conservadoras, serían algo más de 4.000 ocasiones; en otros, 12.000, es decir, casi 34 años. No sé cómo lo han sumado, creo que haciendo proyecciones de cuánto tardarías en aprender a tocar el piano con esa maestría, hacer esculturas de hielo, estudiar francés y conocer los nombres y vidas de todos los habitantes del pueblo. En fin, que son 34 años.  ¿Qué hace Phill en ese largo y repetitivo único  día?

… mil personas congelándose el culo para adorar a una rata… ¿nos vamos?

Es una comedia, qué duda cabe, incluso con tinte de comedia romántica, pero «es tan sólida que puede disfrutarse tanto si te quedas en su inofensiva superficie (una farsa de enredos en la que un tipo arrogante aprende una lección) como si la experimentas examinando la complejidad de tu propia existencia».  (Vanity Fair)

Como toda (buena) comedia está atravesada por el dolor, por un dolor profundo. El sufrimiento de verse estancado, cada día igual, atrapado no sólo en el calendario, sino que atrapado en sí mismo. Esto último es quizás lo más doloroso.

Sísifo y el absurdo
Una y otra y otra y otra vez

Nuestro arrogante hombre del tiempo es un Sísifo  que todos los días sube la roca hasta la cumbre para que al siguiente, a las 06 de la mañana, todo comience de nuevo.

A diferencia de lo que plantea Albert Camus en el Mito de Sísifo, en el caso de Bill, la repetición no se queda sólo en el absurdo de la vida, va más allá y llega a encontrar un sentido. Si bien es cierto, pasa también por el suicidio como una estación necesaria en su viaje (por dios, qué profundo me he puesto con el confinamiento).

La repetición en nuestras vidas

El concepto inicial de la película está en el repetir todos los días lo mismo con pocas diferencias. Una sensación que nos puede embargar no sólo en estado de confinamiento o cuarentena. ¿Quién no ha sentido que cada mañana suena el despertador para ir al mismo sitio a trabajar, para hacer las mismas pausas, volver de la misma manera a casa…?

Estás de suerte, Bill, vendo seguros y seguro que necesitas un seguro ¡Bingo!

De hecho, en una de las escenas, Bill explica su problema a uno de los amigotes que hace en el bar:
– ¿Qué harías si estuvieras atascado en un lugar y todos los días fueran iguales, sin importar lo que hicieras?
En respuesta, su contertulio dice: -Es el resumen de mi vida.

El Día de la Marmota ha trascendido porque es una fábula universal. Con humor, romance, escenas rocambolescas y mucha humanidad, hace un relato que habla de nosotros mismos y nuestras rutinas. También de esos idénticos fallos cotidianos, de los momentos en que pensamos ¿Cómo me puede estar pasando esto DE NUEVO?

“Quizá Dios no sea omnipotente, quizá sólo lleva aquí tanto tiempo que se sabe todas las respuestas”

Las fases

A pesar de reiterarse ese 2 de febrero, Bill no vive cada día de igual manera, lo de fuera no cambia, pero él sí. Esta transformación pasa por distintas etapas:

Créeme, Rita, todos los días son el mismo día

1.En un comienzo está la natural estupefacción, sorpresa, incredulidad, una especie de despersonalización. Mira el mundo, «su realidad», de una manera en que nadie más lo hace, está solo y perdido. Y para peor, en el lugar y día más infames.

 

2. Se regodea de los placeres a los que puede acceder y, sobre todo, al hecho que sus acciones no tienen consecuencias, a las 06 am. el contador vuelve a cero. Así, liga, roba, conduce borracho por la línea del tren, se mofa de todos, come y fuma a destajo. La falta de memoria colectiva le permite desprenderse de la vergüenza y, por ejemplo, vestirse de cowboy y hacerse llamar Bronco.

3. Autodestrucción: cuando se cansa de los placeres y la repetición sin sentido es insoportable, intenta todas las maneras posibles de quitarse la vida. El tedio y su sensación de no tener escapatoria lo llevan hasta el pozo más profundo, al vientre de la ballena. Pero parece que si hay algún poder oculto tras el sortilegio, éste ha querido no darle esa salida.

4. Abrirse a los demás. Tras estas fases nihilistas, Bill va encontrando un sentido más allá de sí mismo, dejando de “mirándose el ombligo”. Aprende que puede servir a otros con pequeños actos cotidianos o grandes gestos heroicos –como salvar la vida del niño que cae.

El arte como forma de trascendencia

Este proceso de apertura lo hace sabiendo que sus acciones no trascenderán, no tendrán un reconocimiento permanente. Su entrega a los demás ya no busca satisfacer su ego, es altruismo verdadero.

¿De dónde aprendemos?

En una de sus borracheras, Bill recuerda el día que cree que es el mejor de su vida: “una vez en que estuve en Islas Vírgenes, conocí una chica, comimos langostas, bebimos piñas coladas e hicimos el amor como animales, ¿por qué no se repite ese día”. Si ese fuera el día que vive una y otra vez… ¿qué lecciones aprendería?

  1. Bill y Rita for ever

    Tras su largo peregrinaje, “la maldición desaparece cuando Bill Murray bendice el día que acaba de vivir y su recompensa es que el día se termina: amar la vida implica amar el hecho de que la vida desaparece”. (Jonah Goldberg)

Podría seguir hablando largamente de esta película, pero… no quiero repetirme.

Mira con Atención

¿De cuántos Días de la Marmota se compone tu semana, tu mes, tu año?
¿Cuántos días necesitarías para salir de los loops en que estás, o no, atrapada/o?
¿Qué harías si estuvieras atascado en un lugar y todos los días fueran iguales, sin importar lo que hicieras?

Atrapado en el Tiempo (1993)

Guion: Danny Rubin y Harold Ramis
Director: Harold Ramis
Con Bill Murray; Andie Macdowell

IMDB                    Filmaffinity

Enlaces de interés sobre esta película:

Trascendencia de El Día de la Marmota, en Vanity Fair