Ficción en familia 2: empatía y emociones

El post anterior hablamos  de compartir y conocer la ficción que ven nuestros hijos e hijas y cómo hacerlo para que sea una fuente de aprendizaje. En esta nueva entrada me centraré en hablar de empatía, identificación y emociones. Poniendo atención especial en la violencia en pantalla, y cómo la estética de una producción también nos da pistas de la percepción de nuestros hijos.

Figura y fondo

Como en cualquier creación artística, la técnica y formato de una ficción audiovisual es clave y está muy meditada por quienes producen.  El aspecto, la luz, el sonido, el ritmo, los colores, la manera de moverse o hablar de los personajes son la puerta de entrada, la invitación a participar de ese cosmos. Todo ello ya nos está contando algo, antes del argumento.

Cuando el estilo es la señal de identidad del canal

Un ejemplo: aunque Pocoyó y Pepa Pig están destinados al mismo público los preescolares, visual y sonoramente no tienen nada que ver y los peques saben cuál prefieren (el mayor de mis hijos era de Pocoyo, el segundo, incondicional de Pepa).

¿Por qué una y no otra? Esa es nuestra parte en el juego, aprender a mirar con atención y descubrir por qué se interesan en una más que en otra y encontraremos una fuente de información de cómo perciben el mundo, cómo se relacionan y entienden lo que les rodea.

¿Alguna duda sobre su estilo?

Esto no quiere decir que no le puedan gustar ambas (o muchas que se ofrecen), pero seguro que saben lo que buscan cuando eligen. 

Es cierto que el empaque de una ficción es de los puntos de conexión más complicados entre los adultos y los jóvenes espectadores. Es fácil que “nos tire para atrás” el tipo de dibujo, el ritmo o el nivel de “ruido” de una serie. Entonces se hace más necesario que nunca dejar nuestras opiniones entre paréntesis, es decir, intentar que no sean el centro, y menos el comienzo, de la conversación.  No es lo mismo preguntar: ¿Qué es lo que más te mola de los dibujos de esta serie? a decir ¿cómo soportas esos garabatos chillones?

Acción y violencia

La violencia en pantalla, especialmente si se trata de niños y adolescentes, es y será un tema controvertido, como lo puede ser regalar juguetes «de guerra».  

Sin entrar en la profundidad de la psique de los menores, voy a plantear algunos puntos que pueden ser orientadores:

Injusticia y rabia

La violencia viene de la mano de la rabia –a menos que se trate de un psicópata que disfruta haciendo daño-, y la rabia es la consecuencia de sentirse tratado injustamente. Podemos indagar en los motivos del agresor: ¿Por qué el personaje agrede (le pega, dispara, empuja, insulta…)?
– ¿En qué se ha sentido perjudicado como para responder así?
– ¿De qué otras maneras podría responder el personaje ante  esa injusticia (siendo agresor o agredido)? 

(Sobre la rabia y el resentimiento hemos reflexionado en esta entrada)

Medios y fines

Aprender a diferenciar el fin con los medios más adecuados para obtenerlos. Por ejemplo, en algunas películas del universo Marvel, los villanos tienen objetivos bastante nobles, por ejemplo, preservar el equilibrio del universo; neutralizar a los que agreden al ecosistema; instaurar un nuevo equilibrio más justo y armónico (según la visión del personaje); pero su camino para lograrlo son extremos y violentos, como chasquear los dedos y hacer desaparecer a la mitad de la población. 
Y atención, que esto también se puede aplicar a los «héroes»  (no sólo de Marvel).

Resolución de conflictos

La violencia es una forma de poner fin (o aumentar) un conflicto, sea cual sea, entendido como un choque de intereses -elemento fundamental para que haya relato-. Para mí, el camino violento es el menos recomendable:- ¿De qué otra forma podrían los personajes solucionar sus discrepancias?
– ¿Qué parte de razón tiene cada una de las partes?
– ¿A qué acuerdo podrían llegar?

Dormammu, vengo a negociar

Al hablar de conflictos, me refiero a todo tipo y magnitud, no es necesario que sea un ataque alienígena por el control del planeta; volviendo a Pocoyó, éste tiene intensos conflictos con Pato y se enfrascan en escaladas de agresión bastante espectaculares.

En el post anterior hablamo de buscar soluciones creativas a los problemas o encrucijadas, ahora me refiero a lo mismo, pero desde la mirada emocional, y podemos llamarlas soluciones pacíficas o negociadas.

Como anécdota ilustradora, mis dos enconados fans de Pepa y Pocoyó, un día no se ponían de acuerdo qué película ver. Poco a poco la tensión iba en aumento. Ante el estancamiento de las negociaciones, yo me retiré como mediador. No lograron ponerse de acuerdo qué ver, pero sí el modo de decidir -usaron una  elección a ojos cerrados- y ambos aceptaron el resultado de la elección.

Para cerrar, la resolución pacífica de conflictos es un hábito y una actitud, más que por la pantalla, la aprenderán de nosotros los adultos. Si nosotros lo tenemos integrado y ellos lo van haciendo suyo, sabrán que Wonder Woman se lía a trompadas con el maligno Ludendorff sólo en la pantalla.

Una visión complementaria, con la que no estoy necesariamente de acuerdo, la puedes ver en este enlace: Infancia y televión

Identificación y empatía
Ficción, emoción, identificación, empatía. Mira con Atención
¡Banana!

Todo lo anterior, y mucho más que se podría seguir contando, va en la línea del desarrollo de la empatía: «la capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos» (RAE). 

Un aspecto casi imprescindible en la experiencia ficcional es poder identificarse con el o los personajes, si no llegamos a ese punto, difícilmente seguiremos adelante viendo (leyendo o escuchando). Por ello ver ficción puede ser una gran herramienta de aprendizaje emocional.

Si antes preguntábamos sobre que está pasando (el argumento), ahora  indagamos sobre qué sienten ante lo que está pasando. Así conocemos cómo captan el tono emocional. 
– ¿Qué siente el personaje cuando le pasa lo que le pasa?
-¿En la vida real las personas se sentirían como él o ella? 
-¿Te ha pasado algo como lo que le pasa en la pantalla? ¿Cómo te sentirías si te pasa algo así?

El enlace entre lo que se siente y la respuesta que se emite es un aspecto fundamental para un desarrollo emocional equilibrado:
– ¿La manera que el personaje a los problemas va de acorde a lo que siente (o pueden estar sintiendo)?

Atención: Esta serie NO es para niños

Los protagonistas de la ficción, no sólo en las producciones para menores,  no necesariamente tienen un comportamiento emocionalmente saludable. De hecho, parte de su camino tiene que ver con transitar el desajuste o la fragilidad. Éstos pueden expresarse tanto como debilidad o, por el contrario, como agresión.  Siguen siendo los personajes con los cuales se van a identificar nuestros espectadores. Es enriquecedor que ellos conecten con las emociones que hay debajo de su comportamiento externo.

Figura y fondo otra vez

Aprender_jugando_miraconatencionPor último, la manera de mirar con atención es diferente en cada familia y seguro que conoces cuál es la que más sirve a tu descendencia. Las hay que son más de charlar, otras, en cambio, son más plásticas: les tira hacer dibujos, esculturas, performance. Y otras son más de moverse, bailar, actuar, representar, correr. Todas ellas son formas de entrar en el mundo ficcional de los hijos.

Si quieres que profundicemos en algún tema o hay alguna película o serie que te gustaría que trataramos, puedes dejar como comentario o escribir a beltran@miraconatencion.com o a través de Instagram @miraconatencion

Por último, «Yo nunca vi televisión, después sí y después no» de 31 minutos:

Cómo aprender a ver series y pelis con nuestros hijos

En estos días de cuarentena, es posible que nuestros retoños estén dedicando muchas horas al consumo de ficción audiovisual. ¿Te has planteado alguna vez que las horas que pasan frente a la pantalla puedan ser también una herramienta de aprendizaje, no sólo de entretención?

Estamos encerrados, es un hecho. Tanto nosotros como nuestros hijos e hijas estamos compartiendo un mismo espacio durante mucho tiempo… como pocas veces antes.
Dentro de este encierro, las madres y padres estamos siendo bombardeados a través de los chats de whatsapp y correos con múltiples opciones de actividades, webs y deberes para que no pierdan su ritmo de aprendizaje (o al menos detener la curva de olvido) o incluso lo aumenten.

¿Cuántos días quedan?

Sumemos las ingentes sugerencias y ofertas para aprovechar las horas de ocio, para que estén activos y no se nos aburran (¡Ay, el temido aburrimiento!). Muchas de estas propuestas son de juegos que además de divertir enseñan: ayudan a desarrollar habilidades cognitivas, estimulan la expresión plásticas o las destrezas psicomotoras.

¿Y las horas frente a la pantalla qué?

Pero también es probable que nuestros retoños estén dedicando muchas horas al consumo de ficción audiovisual, sea a través de las plataformas de video en streaming (Netflix, Prime video, HBO, ahora Disney plus, Movistar plus… y otras), a través de los canales infantiles de la TDT: Clan, Boing, Disney Channel (sí, Disney está en todas partes); o las series y películas que se emiten en la parrilla habitual.
¿Te has planteado alguna vez que las horas que pasan frente a la pantalla puedan ser también una herramienta de aprendizaje, no sólo de entretención?
De hecho, cada minuto de ficción que ven, es un minuto de incorporación de contenidos y, sobre todo, de asimilar experiencias emocionales, patrones de conducta y valores.
Pero no somos conscientes de que están aprendiendo y menos de lo que están aprendiendo. Nos falta una guía para orientar ese aprendizaje y aprender junto a ellos.

¿Cómo podemos convertirnos en guías del aprendizaje de nuestros retoños a través de la ficción audiovisual?

Para jugar, debes conocer las reglas del juego.

La pantalla –más bien, las pantallas en todos sus formatos posibles- se han convertido en un artilugio “para que nos dejen tranquilos un rato”. Como certeramente nos dicen Natalia Flores y Borja Prieto en su libro No Sólo Somos Padres, son un verdadero “chupete electrónico” al cual los enchufamos para tener tiempo para nosotros.

Aprovechando estos días de encierro voy a plantear (no enseñar) algunas ideas que puedan ser útiles para convertir el tiempo que los tenemos “enchufados” en un momento que aporte a su desarrollo como personas.

¿Qué nos vas a contar?

Es que la tele de ahora no es como la de antes… De hecho, puedes no llamarle tele.

Las propuestas que voy a desarrollar en este post las extraigo de mi experiencia personal como padre, mis conocimientos profesionales de educación y desarrollo evolutivo (sin considerarme un experto); mis horas de consumidor de ficción; y mis múltiples trabajos en el mundo de la producción audiovisual.

Lo que plantearé no tiene por objetivo que l@s niñ@s aprendan a producir una pieza audiovisual ni se conviertan en críticos de cine o sesudos analistas de una obra audiovisual. Eso, si ocurriera, sería un un efecto colateral. No me odies por ello.

Mi propuesta es para usar las horas frente a los rayos catódicos (que ya no son tales, pero sirve como expresión) como una vía para adquirir conocimientos y desarrollo emocional.

Como las ideas que se me han ido ocurriendo son un poco largas, voy a dividir el tema en dos post, éste centrado más en lo cognitivo y el próximo más en lo emocional.

Paso 1: Saber qué ven

Parece de Perogrullo pero si preguntas a las familias que tienes alrededor de qué van las ficciones que ven sus hijos, te podrán dar poca información más allá de “son unos dibujos súper raros”, «va de unos súper héroes» o «es una serie para niñas».

¿Cuándo se convirtieron en esto? Hasta ayer eran unos niños.

En «tiempos normales», cuando no estamos encerrados, no solemos darnos el tiempo para sentarnos con ellos a ver un capítulo. Y si lo intentamos, nos puede resultar difícil, porque la velocidad de la animación, el nivel de ruido o los tramas pueden ser difíciles de tragar. Además, como dije antes, es el rato que dejamos “para nuestras cosas”. Quizá con el cine es diferente porque hasta cierta edad vamos con ellos y vemos juntos la película, pero si van con abuelas/os o tías/os no tenemos ni idea qué van a ver (casos hay de niños de 7 años que los llevaron a ver películas como Deadpool, «porque es de superhéroes»).

Tal como establecemos el área del parque por el cual se pueden mover nuestros críos o los horarios de entrada y salida de casa, está bien definir el campo de juego audiovisual.

Este es un buen momento para que nos sentemos con ellos a compartir su ficción y formarnos una opinión sobre ésta. Es cierto que cuando son adolescentes es espinudo que nos dejen acercarnos cuando ven su serie favorita, pero cosas más arriesgadas se hacen por la familia.

Paso 2: Reflexionar

Spider man miraconatencion
Qué difícil ser adolescente, nadie nos entiende
Qué difícil ser un adolescente, nadie me entiende.

Después de ver, debemos formarnos un juicio sobre el argumento y valores que muestra la ficción. Como adultos es preciso preguntarnos si lo que ven está en la línea de lo que queremos inculcar a nuestros hijos, y si coincide con nuestra manera de entender el mundo.

No soy de los que demonizan algunas producciones por sus contenidos (sólo demonizo a los que tienen espacio en pantalla sin argumento, sin historia y sin… cerebro, pero eso es rollo mío y este blog va sobre ficción). Pienso, sin embargo, que cada familia tiene un enfoque ante la vida y las historias que se sientan a ver tiene que ser acorde a ella.

– Marshall, reparte mascarillas; Chase, controla los desplazamientos. ¡Este virus lo paramos unidos!

Esto no significa, que no puedan ver algunas producciones con las que no nos identificamos, pero sí que es recomendable que tengamos claro las disonancias y podamos compartirlas con ellos cuando sea preciso.

 

Una guía útil es la advertencia de edad y contenido que muestran en pantalla al inicio de los episodios algunas plataformas como Netflix (arriba a la izquierda). Pero lo más importante es sobre todo, nuestro criterio.  

Paso 3: Conversarlo: intercambiar ideas

Si ver y reflexionar como padres o madres es requisito necesario, no es suficiente si no lo transmitimos a nuestra familia. Es imprescindible si queremos que sus horas enganchados a series y películas sirvan para algo.

¿Cómo hablo con ellos si casi no me dirigen la palabra?

– Otis, es perfectamente legítimo lo que sientes. – Mamá, que no quiero hablar…
Hago aquí dos puntualizaciones:

1. No vamos a lograr que nos escuchen y menos que nos respondan si les interrumpimos durante el visionado, tenemos que hacerlo antes o después.

2. Comenzar a hablar dejando fuera nuestros juicios, tanto valóricos como estéticos. Si notan que estamos enjuiciando su serie favorita no querrán conversar, si se desliza una opinión lo pueden sentir como un ataque y levantar un muro. No es fácil, requiere entrenamiento porque estamos acostumbrados a interactuar desde nuestros juicios.

No es algo exlusivo de l@s niñ@s, si miras con atención, te fijarás que cada vez que hablas de una película que te gusta o recomiendas, si recibes una opinión contraria o un juicio negativo sobre ella, lo sientes como un ataque personal. Es raro, porque no es algo que hayas escrito, dirigido ni producido tú, pero ocurre.

¿Y de qué hablo? ¿Cómo comienzo?

¡¿De qué c… va esto?!

Una buena manera de empezar cualquier conversación, especialmente si queremos producir un aprendizaje, es preguntando.
Te propongo algunas preguntas a ver si te sirven:
             – ¿De qué va la serie o película? ¿Qué cuenta? ¿De qué trata?
              – ¿Qué le pasa al (la) protagonista? ¿Por qué le pasa lo que le pasa?
La ficción se crea en torno a un argumento que se basa en causas y efectos. De hecho la tarea de los guionistas –sí la ficción tiene detrás a unos guionistas que la escriben- es articular la cadena de acontecimientos que estructura el relato. Hablar del argumento desarrolla su capacidad de pensar en causas y efectos.

              – ¿De qué dónde echan mano los personajes para salvar las dificultades a las que se enfrentan? ¿Cómo salen de los atolladeros en que se encuentran?
Estas preguntas estimulan la capacidad de buscar soluciones a los problemas. Si en el punto anterior indagamos en las causas, ahora  exploramos búsqueda creativa de ideas.

El pensamiento alternativo, creación de mundos propios

Podemos buscar vías alternativas a lo planteado en el relato: jugar a ser los guionistas:
¿De qué otra forma podrían haber resuelto los protagonistas los problemas que se les plantean?
¿Cómo podrían haber evitado las contrariedades con las que se topan? Incitamos así su capacidad de anticipación, de prever los acontecimientos para evitarlos y con ello eludir consecuencias peligrosas.
Como adultos debemos ser conscientes que si los personajes tomaran las decisiones «correctas» que eviten los problemas…no habría historia, por eso es ficción.
La mayor parte del tiempo, como padres/madres queremos evitarles riesgos innecesarios o que corran riesgos controlados, pero la ficción les permite vivir experiencias que en el mundo cotidiano están vetadas.
Y si a algún hij@ le da por escribir, que sepa que para que haya relato, la mayoría de las veces los personajes tienen que hacer lo contrario a lo que le dictan las reglas.

Liviandad desapego up mira con atenciion
¿Y si se hubiera ido al asilo?

¿Qué podría pasar después que termina la historia?
Sabemos que en la ficción, especialmente las películas, el relato se cierra, pero en “la realidad”, la vida continúa.
Imaginar qué pasará después es otra forma de estimular su imaginación. Si se trata de capítulos, idear qué ocurrirá en las entregas siguientes les ayuda a entender la estructura del relato, cuáles son los elementos comunes de los episodios, comprender que incluso en las aventuras más rocambolescas subyace una regularidad.
Pensándolo bien, no sólo es algo que aplica para las series, también en las muchas franquicias que nos llegan cada año (las películas de Marvel ya son 23, las de Star Wars, 11; Harry Potter, 9; Toy Story, 4; Star Trek, Los X Men … en fin).

¿Versión original o doblaje?

Por último, dentro del aprendizaje cognitivo, “los capis” y “las pelis” son una manera muy entretenida de aprender idiomas. Oír en versión original es un gran complemento a las lecciones de lengua que reciben en el colegio o la academia.

Es útil para «soltar el oído», aprender el lenguaje informal, reconocer acentos y entiender el idioma en contextos relacionales.

La mayoría de la ficción que consumimos si no es en español, es en inglés, y para bien o para mal, es el idioma que se enseña mayoritariamente en los colegios y más usado internacionalmente. Pero si te atreves a ir más allá, puedes poner a tus hijos Doraemon en japonés.

Por experiencias de familias amigas sé que si no le has puesto la tele en versión original desde pequeños es más difícil implantarlo llegados a una edad. Pero dicen que un hábito se incorpora en 21 días. Verdadero o no, sí se está refiriendo a la perseverancia. Ahora tienes el tiempo y las condiciones para probarlo.

También hay una ventaja adicional en oír la versión original que probablemente sólo la notarás si estás acostumbrado a ella. Es un aspecto técnico: al doblar la voz, como se hace en un estudio y frente a un micrófono, durante la mezcla se pierden una gran cantidad de matices de sonidos de fondo que complementan la acción. Si tu hija o hijo coge el hábito de la versión original su rango de percepción auditiva se enriquece (si de grande quiere ser ingeniero de sonido, no me odies).
Si te has convencido de las ventajas del sonido original y no sabes cómo hacerlo, en las plataformas hay un recuadro donde puedes elegir el idioma y subtítulos. Las televisiones digitales vienen todas con la función dual para elegir idioma, es verdad que en algunos modelos no es fácil encontrarlo y tengas que… ¡tirar de manual! (Oh, my God).

Como éstas, hay muchas otras posibilidades de usar las horas ante el televisor, la tablet, el ordenador o el teléfono como una forma de enriquecer sus vidas y, por supuesto las nuestras.

En la próxima entrega plantearé ideas que faciliten el desarrollo emocional y relacional de nuestros hijos a partir de lo que ven en la televisión.

Por último, dejo aquí enlaces a otros post de este blog donde he hablado de películas infantiles que pueden ser útiles para comenzar a hablar con la nueva generación:

Pensar según las reglas o romperlas
Congela lo que te hace única
¿Soy zarigüella o mamut? Una cuestión de identidad

2018: Seguir aprendiendo como espectador

Hace algo más de un año comencé este blog como invitación a mirar con atención la ficción audiovisual, extrayendo de ella aprendizajes que aporten a nuestras vidas.

Como explicaba en la entrada de presentación, «las historias son experiencias emocionales con significado» (Robert Mckee) y la búsqueda de este significado es una fuente relevante de aprendizajes y sabiduría.

Nuestra materia prima: la ficción

cine y coaching ontologico
Familia que ve la tele unida…

Desde hace más de un siglo se hacen películas de cine y, algo menos, las series de televisión ocupan una parte importante de la programación. Pero nunca como ahora han estado tan a la mano.

Si hasta hace poco teníamos que ir al cine para ver las películas, y si no podías verla en la gran pantalla había que esperar a una reposición o que la pusieran en televisión. Y en la pequeña pantalla, tanto películas como series se programaban en un día y hora. Si no estabas en ese momento frente al aparato te lo perdías. Si esto ocurría, nos conformábamos con los comentarios de otros al día siguiente o, si era el caso, intentar ponernos al día con el resumen “en capítulos anteriores”.

Hoy  podemos ver casi cualquier historia en casi cualquier momento. Basta tener conexión a internet o habérnosla descargado previamente en nuestro equipo. Si además, ni siquiera necesitamos tener un televisor delante, la vemos en el ordenador, Tablet, teléfono móvil o a través de la consola.

Entonces, habiendo tanta disponibilidad de ver ficción, de empaparnos de estas experiencias emocionales y cognitivas, tenemos que aprovechar la oportunidad de usarla como fuente de aprendizajes además de entretenernos. Continuar leyendo «2018: Seguir aprendiendo como espectador»

Ganar y perder la confianza (cuidado con quién te deja de encargado)

El Encargado (cortometraje)

¿Te has dado cuenta lo fácil que es hacer que los niños pierdan la confianza en nosotros? Delegar una importante misión en un niño que arriesga la piel en ella, para luego ser totalmente obviado, es una gran forma de lograrlo.

Antes de empezar, nos presentamos
Antes de empezar, nos conocemos

Hace un par de domingos hicimos junto a la actriz y coach Nahia Láiz el segundo taller “Mira con Atención” en la escuela de jóvenes actores Primera Toma Coach.

La actividad es una propuesta a ver el cine del modo en que lo hacemos en este blog, haciendo preguntas, buscando claves y distinciones que sirvan para vivir mejor.

En esta segunda edición vimos el cortometraje El Encargado escrito por Sergio Barrejón y Nacho Vigalondo, dirigido por Barrejón.

El corto dura ocho intensos minutos, ambientados en una sala de clases y actuado por unos estupendos niños actores. Para no alargar contando el argumento, mejor es verlo completo aquí:

EL ENCARGADO from Jon D. Domínguez on Vimeo.

El giro final

Continuar leyendo «Ganar y perder la confianza (cuidado con quién te deja de encargado)»

Aprender como espectador

“Una historia bien contada nos ofrece aquello
que no podemos obtener de la vida:
una experiencia emocional con significado.” Robert Mc Kee.

Nuestro laboratorio emocional

Las historias nos sirven de “campo de experimentación” emocional, no sólo a sus creadores, también a quienes las vemos, leemos u oímos.

Cuántas veces nos preguntamos ante una película o novela ¿qué haría yo en el lugar del protagonista? ¿reaccionaría igual que ella o él, lo haría de otro modo?

Vale apuntar que la base de cualquier relato es el conflicto, entendiéndolo como fuerzas que se oponen, que tienen un objetivo contrapuesto o, siendo el mismo objetivo, un plan diferente para lograrlo. Por eso, cuando en una historia los personajes reaccionan del modo menos armónico o “se buscan conflictos”, tengamos presente que sin éstos no habría historia (o serían “no historias” como los Teletubies).

Esto nos ocurre también en la vida cotidiana, muchas veces “buscamos conflictos», guiados por nuestra obcecación, orgullo o simple deporte. Continuar leyendo «Aprender como espectador»

En el comienzo fue un big bang.

Aquí no hablaré del origen del universo. Eso está muy lejos de mi intención y, sobre todo, de mis conocimientos.

¿De qué hablaré aquí, entonces?

En este blog quiero aprovechar mi experiencia personal y profesional en ámbitos distintos -psicología, formación, coaching, guion y escritura dramática- para compartir reflexiones que nos ayuden a mejorar nuestra vida .

Había una vez un niño…

De pequeño viví inmerso en un mundo de historias, las que me contaban mis hermanos o mis jefes de scouts; las que leía en libros y revistas; las que veía en televisión y en el cine.

Junto con empaparme de cuentos y relatos, poco a poco las iba inventando. Sin darme cuenta me iba convirtiendo en contador de historias, creador de personajes y tramas.

Entonces…

Pero no lo supe hasta mucho después. Durante un largo tiempo, dado mi entorno familiar y escolar, yo me consideraba a mí mismo alguien ordenado, colaborador, solidario, serio (muy serio), pero no un creador.

Me sentía muy lejos de cualquier cosa que tuviera que ver con lo artístico. A pesar de las evidencias –escribía y montaba las obras de teatro de mi clase, participaba en los vídeos- yo seguía pensando que no pertenecía a ese mundo.

Recuerdo que un compañero de clase me sugirió que estudiara cine y yo me reí. Eso no tenía nada que ver conmigo, yo estudiaría y me preparararía para algo “importante” y muy comprometido con el servicio a otros.

Después…

La máquina con que se escribió «Ensayo sobre la Ceguera»

descubrí que pocas cosas hay más “importantes” que crear una historia con pasión y compromiso, que a la vez puede ser uno de los mayores servicios que podemos hacer por los demás.

¿Y qué pasó?

De pronto, bien entrados los veintitantos, vi que lo que estaba haciendo con mi vida poco tenía que  ver con los planes que imaginaba al salir del colegio. Era parte de equipos de rodaje y a falta de estudios formales, aprendía a marcha forzada cada día de trabajo.

Pero cuando no encontraba mi lugar en el audiovisual, volvía al mundo de la psicología, a las empresas, a trabajar como consultor y formador.  Así alternando por las buenas y las malas hasta hoy.

¿Bueno, y el blog de qué va?

Este blog une ambos mundos, el de la creación, las historias, la dramaturgia y el cine, con el desarrollo personal, el crecimiento y  aprendizaje emocional.

Voy a tomar lo que ambos mundos me han enseñado para invitarte a mirar de un modo diferente, Mirar con atención para encontrar claves que te ayuden a vivir una vida mejor.

Aquí empezamos.