Congela lo que te hace único

Frozen

¿Debemos tener cuidado madres y padres al ver Frozen con nuestros hijos? ¿Hay que tener las antenas alertas con esta producción de Disney? ¿Por qué los padres de Elsa y Ana son posiblemente los más ineptos de las películas animadas?

Frozen es una de las películas de animación que más ha recaudado en la historia del cine y ha logrado re encender el amor por las “Princesas Disney”, esas de ojos grandes y suaves gestos. Pero bien vale la pena mirarla con atención.

¿De qué va?

Inspirada lejanamente en el relato “La reina de las nieves”, cuenta que Elsa, la hermana mayor, tiene la capacidad de generar hielo y nieve a discreción. Con pocos años, jugando con su hermana y producto de un error de cálculo en su uso, daña a la pequeña. Para evitar que vuelva a suceder y mientras aprende a usarlo, sus padres, los reyes de Arendell, deciden encerrarla y cerrar las puertas del palacio. Tras la muerte de los monarcas, al cumplir la mayoría de edad, la princesa tiene que hacerse cargo del reino. Pero todo se desmadra al no poder controlar su poder y huye a la montaña congelándolo todo a su paso. Ana, hermana la menor, intenta hacerla volver para descongelar el reino.

¿Qué me pasa con esta historia?

Independiente de una serie de baches en la trama, un guion con giros gratuitos y situaciones sin lógica (para pequeños espectadores y para los adultos) hay algo en la premisa que creo que es pernicioso e invita a la reflexión, sobre todo siendo una película para niños .

En la introducción de la película, cuando ocurre el accidente y sale herida Ana, dando origen a su característico mechón, los padres alarmados la llevan donde los Trols del bosque para que la curen. El líder de los Trols sana la pequeña y recomienda “eliminar toda la magia incluyendo el recuerdo de éste”, una especie de borrado de cerebro.

Y a Elsa le vaticina: “Tu poder seguirá creciendo, hay algo muy hermoso y peligroso en él. Tienes que aprender a controlarlo, el miedo será tu enemigo”.

El problema comienza con la reacción del padre, cito: “Ella lo controlará, aprenderá. Hasta entonces cerraremos las puertas (del palacio), reduciremos la servidumbre, limitaremos su contacto con las personas, y esconderemos sus poderes de todo el mundo, incluyendo a Ana.”

Elsa congela lo que toca. Ha aprendido a congelarse a sí misma.
Let it go…

Escenas después, para ayudar a la sucesora al trono a controlar su poder… ¡le regala unos guantes!

A partir de ahí, las hermanas crecen separadas entre ellas y aisladas del mundo. Elsa no cuenta con ningún tipo de ayuda para poder aprender a usar aquello que la hace única.

Con todo lo que ocurre después, está claro que el camino dictaminado por el padre (la madre en la película no habla) es totalmente ineficaz. Elsa pasa su encierro sumida en el miedo y cuando sale al mundo no ha aprendido a controlar su poder.

Me pregunto (se lo pregunto a los guionistas)

¿Qué hizo Elsa durante todos esos años de reclusión? Fiona, la princesa-ogro de Shrek, aprovechó su encierro para aprender auto defensa, ¿pero la nueva monarca en qué gastó las horas?

Lo que la hace única

Yendo al grano, lo que es preocupante, especialmente siendo una película infantil, es la forma en que se trata el rasgo que hace única a Elsa. ¿Es una maldición, un impedimento, una tara?

El Troll lo llama poder, pero la familia lo ve como una abominación, algo a esconder, arrinconar, una amenaza y, por qué no, una vergüenza. Me recuerda, de hecho, el modo en que se procedía antiguamente cuando un hijo o hija tenía una minusvalía.

Quince años de internamiento sin guía ni maestro dejan huellas psicológicas profundas, en la vida real y en esta película. Elsa vive con miedo a sí misma y Ana llora por los pasillos pidiendo “hacer juntas un hombre de nieve”.

Las consecuencias de este desaguisado emocional y educativo para Elsa son tremendos: huye y congela el reino; atraviesa el corazón de su hermana con un rayo de hielo dejándola al borde de la muerte; crea un monstruo de hielo y nieve para echarla de su solitario palacio helado; finalmente ella misma casi muere en manos de un príncipe aprovechado, todo para descubrir el poder “del verdadero amor”.

Mi regalo, hermana.

Finalmente Elsa descubre que su “condición”, que la hace única, es un don que bien manejado permite crear belleza, hermosas esculturas de hielo, pistas donde los súbditos pueden patinar a gusto- y bienestar para otros -como crearle un microclima a Olaf para que cumpla su sueño (en otro post nos referiremos al sueño del hombre de nieve y nariz de zanahoria).

Las etiquetas
Olaf, de los pocos que no está congelado.
– Quiero conocer el verano. – ¿Pero qué me estás contando?

¿Cómo reaccionas ante alguien que tiene una característica que la hace única y que es fuera de lo común?

Lo diferente a menudo es etiquetado como amenazante, inadecuado y por tanto se coarta, se inhibe, segrega, mutila o esconde.

Por ejemplo, conocemos historias de niños etiquetados como “hiperkinéticos” –hoy en día déficit atencional-, con problemas de aprendizaje o conductuales, “desajustados”, demuestran con el tiempo que su modo de aprender es diferente, siendo especialmente creativas, líderes o emprendedores.

Cuántas familias ven con preocupación que su hijo o hija es demasiado histriónico o sensible o “que tira para artista” y le imponen clases de matemáticas y lengua. Hacen todo lo posible para “enmendarlos”, para que no desarrollen lo que los hace especiales porque “del arte no se come”.

Mira con Atención

¿Reconoces alguna etiqueta que te ha marcado en tu vida? ¿Sueles etiquetar a otros según lo que lo hace único por estar fuera de la norma?

¿Qué harías con alguien que tiene un rasgo o condición muy distintiva? ¿Guiarlo, enseñarle a sacar lo mejor o esconderlo y tratar de “normalizarlo”?

¿Cómo vives y has vivido lo que te hace única?

Si a Elsa le hubiesen guiado en contacto con su hermana y con el mundo a pesar de los riesgos, si hubiera aprendido que podía crear belleza y traer bienestar a sus súbditos, qué diferente hubiera sido su vida y la de su familia. Pero esa sería otra película.

Nombre alternativo: Frozen, Anita, cuídate de tu hermana.

Frozen: El Reino del HieloFrozen, congela lo que te hace único

Disney

Guión: Jennifer Lee. Historia: Chris Buck; Jennifer Lee, Shane Morris. Basado en La Reina de Nieve de Hans Christian Andersen.   Dirigida por: Chris Buck; Jennifer Lee

IMDB  Film Affinity

2 opiniones en “Congela lo que te hace único”

  1. ¿Pero te gustó o no te gustó?
    Porque para mí, la ‘moraleja’ es precisamente que aceptar, abrazar y desarrollar lo que te hace diferente (o rarito) es mejor que tratar (inutilmente) de reprimirlo, ignorarlo u ocultarlo.
    La primera liberación de Elsa, su primera sonrisa postadolescente, ocurre cuando da rienda suelta a sus poderes construyendo su palacio de hielo en una cumbre solitaria: esto, por cierto, es bastante insólito en Disney y en muchas tradiciones narrativas, ya que normalmente hay un guía o gurú que ayuda al personaje a descubrir y amar su identidad. Elsa lo hace solita (cantando) por medio del retiro ermitaño: ¡es una mística! Se aleja del mundanal ruido y es entonces cuando pierde las ataduras: a mí me gusta.
    Por supuesto, los padres erraron al intentar “domarla”, pero qué padre no intenta que su hijo encaje, qué padre no teme que su peque sea estigmatizado. En este caso, además, hay una variante interesante: por sana empatía, los padres solemos identificarnos con otros padres de niños que han sido víctimas de algún mal, pero pocas veces imaginamos que nuestro hijo pueda ser el verdugo, el que hace daño a otro. Aquí los padres tratan de esconder un secreto bastante original y sugerente: uno de mis hijos hace daño al otro. Estas vergüenzas familiares son universales y emocionantes: a mí me gusta. (Además —espoiler—, los padres reciben su merecido).
    Finalmente, aunque ya se ha debatido mucho, me gusta que Elsa no tenga príncipe. Lo sé, el patriarcado asoma la patita por otras tramas, pero aceptemos que Arendel parece un reino más o menos medieval: en ese contexto, algo es algo —hasta que Disney se anime a cambiar princesas por presidentas de la República—.
    Finalmente, que el amor verdadero, el amor redentor, sea el fraterno y no el romántico, también me parece un salto cualitativo para Disney.
    Yo creo que estamos ante una de las opciones menos malas de Disney.

    1. Gracias, Raúl por tu comentario,
      da luces sobre otros aspectos de esta historia.
      Personalmente es una película que no me gusta, principalmente porque el guión está lleno de trucos facilones para hacer avanzar la historia y porque no logro empatizar con las dos protagonistas (no así con los secundarios que son más atractivos y sensatos).
      Sobre los príncipes, es cierto que Elsa no se queda con ninguno. Pero hablando de Ana, toda la acción de la película se basa en que la hermana menor “se enamora” del primer príncipe con que se topa y se encapricha con casarse con él de inmediato (más tarde veremos otros caprichos más de éste personaje). Ese comportamiento, para mi gusto, desvaloriza la inteligencia de la chica. Se puede entender que después de estar enclaustrada tanto tiempo es normal que toda su afectividad “esté un poco tocada”. Ella sólo sale de su error cuando está a punto de morir y no porque haya pensado en lo que está haciendo. En general, no comulgo con la premisa de la película y todas esos detalles que hay que pasar por alto para que se llegue al final y los personajes puedan sacar esos aprendizajes.
      Un abrazo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *