Elige la vida, elige elegir.

Trainspotting

Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos…

Así escuchábamos en el año ’97 a Ewan Mc Gregor mientras corría perseguido por agentes de policía y un coche casi lo atropella. Éramos la generación de los ‘90, habíamos crecido en Chile bajo la dictadura de Pinochet, estuvimos llenos de esperanza “y alegría que viene” con la nueva democracia. Trainspotting fue, sin duda, una película fundamental para muchos de nosotros. 

¿Elegir? ¿Qué elegir?

“Elige la vida” comenzaba diciendo Renton (Mc Gregor) acabando con “Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en una casa miserable, siendo una carga para los niñatos egoístas y malcriados que has engendrado para reemplazarte. Elige tu futuro. Elige la vida”. No era muy esperanzador, pero bastante realista.

Han pasado veinte años y ahora se estrena Trainspotting 2. Tengo pendiente verla, pero es seguro que tanto para los personajes de la película como para los espectadores de esa época dos décadas no son poca cosa –aunque con 26 años pensaba que serían mucho más largas de lo que han sido: “¡pero si hace nada que salí de la universidad! ¡Acabo de empezar a trabajar!”

“… ¿pero por qué iba yo a querer hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida: yo elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?” Rezaba el final del monólogo. A pesar de ello, al final de la historia se desdecía afirmando que elegía ser alguien normal, “elegí la vida, como tú”.

¿Qué ha sido de mí y mi generación en estos veinte años? ¿Qué hemos elegido? ¿Cómo hemos ido haciendo estas elecciones?

Nosotros los de entonces, ya no somos los mismos. Incluso Ewan.

Yo no elegí heroína, los que estaban cerca de mí tampoco. Pero me pregunto qué elegí realmente. O más concretamente ¿He sido consciente de lo que he ido eligiendo?

Elegir

Soy consciente de algunas decisiones fundamentales -vivo en un país que no es el que nací, tengo un trabajo que no es la profesión que estudié; tengo dos hijos, una tele no muy grande y muy antigua –en la que he vuelto a ver la película para escribir esta entrada-, lavadora, lavavajilla, dos hijos, panificadora… en fin.

También hay elecciones que no he tomado con conciencia, o poniendo la conciencia en otro lado, haciendo elecciones “sin elegir”. Mirando hacia atrás me pregunto cuántas veces he sentido que no he elegido, que soy “víctima de mis circunstancias”. Pero es falso, siempre elegimos, siempre.

Voy a matizar, siempre en tiempos de paz y dentro de un estado de derecho.

Nuestros movimientos vitales son producto de nuestras  decisiones. A veces echamos balones fuera, culpamos al entorno de nuestros problemas y nuestro estado actual. No podemos desconocer nuestro contexto, nuestras circunstancias. Pero dentro de este entorno y “lo que nos ha tocado” tenemos espacio para elegir.

Ahora bien, elegir no significa, como a veces lo entendemos, hacer lo que queremos o elegir lo que nos produce más placer o lo que tenemos ganas de hacer. Muchas veces hay que elegir entre opción mala o menos mala, como a veces elegimos entre opción buena y mejor.

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A veces las circunstancias…

Elegimos hacer cosas que no apetecen porque sabemos que tienen un beneficio a medio o largo plazo, asociados a nuestra “Visión” –ese plan que nos llevará al sitio donde queremos estar. Escogemos ir a sitios o participar en actividades que no nos motivan especialmente, pero que sabemos son importantes para personas que están en nuestro entorno y porque ellas sí nos interesan –personalmente, lo de las reuniones de padres nunca lo he llevado bien, pero quiero ser parte de la educación de mi hijo.

Elecciones y obligaciones

Elijo respetar los semáforos, usar transporte público pagando el billete, elijo reciclar, incluso elijo pagar impuestos.

“Estamos obligados” a cumplir ciertos deberes, laborales, ciudadanos, administrativos, pero cumplirlos es también una elección. No significa, una vez más, que los cumplo porque me gusta, pero tanto hacerlo como no tiene consecuencias y tomar esa decisión significa asumir las consecuencias, ambas. La consecuencia de pagar los impuestos es que mi disponibilidad de dinero es menor, y no pagarlos significa que dispongo de más dinero, que me arriesgo a ser pillado y pagar esos impuestos y las multas correspondientes.

Las “obligaciones familiares” son también una opción. Son obligaciones en tanto cuanto nos comprometemos con las tareas o actividades asociadas, sea por el vínculo emocional que nos liga a estas personas, sea por una decisión cognitiva, por principios morales. Independiente de la razón, es una elección.

En fin, que vivimos en un mundo de elecciones, de decisiones constantes y mientras más conscientes seamos de ello, más nos hacemos cargo de nuestra vida y de quiénes somos.

Otra cosa es el juicio que hacemos a posteriori de nuestras decisiones.

Mira con Atención

¿Eres consciente de las decisiones que tomas a diario?

Si miras tu vida hacia atrás, ¿puedes identificar las decisiones que tomado que te llevan al estado y lugar en que te encuentras? ¿Puedes identificar las opciones que has hecho con conocimiento y cuáles has optado –con o sin querer-  por que otros las hagan por ti?

Y como canta Iggi Pop: “Lust for life (Pasión por la vida)”

TRAINSPOTTING (1996)Trainspotting Poster

Guión: John Hodge basado en la novela de Irvine Welsh

Director: Danny Boyle

Con: Ewan McGregorEwen BremnerJonny Lee MillerRobert Carlyle

Imdb Filmaffinity

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