Aprender como espectador

“Una historia bien contada nos ofrece aquello
que no podemos obtener de la vida:
una experiencia emocional con significado.” Robert Mc Kee.

Nuestro laboratorio emocional

Las historias nos sirven de “campo de experimentación” emocional, no sólo a sus creadores, también a quienes las vemos, leemos u oímos.

Cuántas veces nos preguntamos ante una película o novela ¿qué haría yo en el lugar del protagonista? ¿reaccionaría igual que ella o él, lo haría de otro modo?

Vale apuntar que la base de cualquier relato es el conflicto, entendiéndolo como fuerzas que se oponen, que tienen un objetivo contrapuesto o, siendo el mismo objetivo, un plan diferente para lograrlo. Por eso, cuando en una historia los personajes reaccionan del modo menos armónico o “se buscan conflictos”, tengamos presente que sin éstos no habría historia (o serían “no historias” como los Teletubies).

Esto nos ocurre también en la vida cotidiana, muchas veces “buscamos conflictos”, guiados por nuestra obcecación, orgullo o simple deporte.

Este laboratorio de creación de realidades nos permite encontrar significado a través de toda una gama de acciones, peripecias y vicisitudes que le ocurren a los que están en la pantalla. La mayoría de las veces no vamos a vivir en primera persona lo que les pasa los protagonistas, sea porque no podemos o porque las evitaremos.

Pero los buenos relatos no se limitan a una sucesión de acciones, lo que los hace diferentes es que nos impactan emocionalmente.

Encontrar significado en cualquier historia

Al margen de mis gustos personales en cuanto a series y películas (que han ido cambiando a un ritmo sorprendente) me interesa en este blog explorar los aprendizajes que nos entregan géneros y tipos de cintas muy diversos.

Las preguntas esenciales
¿Alguna pregunta?

Creo que no sólo en un drama escandinavo encontramos claves para nuestra vida y sobre la existencia en general. Teniendo en cuenta, además, que para la mayoría de los espectadores es más difícil sentarse a verlos, quizá por la falta de costumbre, pero ese es otro tema.

Mi apuesta es que también en una historia costumbrista, de acción, un western, un drama social, una de súper héroes, una comedia o un melodrama encontramos, si miramos con atención, pistas para hacernos preguntas reveladoras.

La clave está en las preguntas.

Si buscamos en internet “películas de superación personal” o “películas de crecimiento y autoayuda” aparecen historias que “van de eso”, de personas que se enfrentan a un gran problema, una minusvalía física, un trastorno de personalidad o una patología psicológica; una pérdida o tienen que encontrar su lugar en el mundo. Y están bien, porque son muy claras y el mensaje te va a quedar muy claro.

Las preguntas a Tony Stark
No te metas con mi padre

Pero qué pasa si nos preguntamos ¿cómo convive con la culpa Tony Stark en Iron Man? ¿Y qué pasa con el vínculo con su padre?; o ¿cómo perciben/deforman la realidad Anthony Soprano o Pablo Escobar?
¿Qué hace cambiar a Walter White en Breaking Bad?
¿Qué nos dice sobre la confianza el vínculo de los ladrones de Cien años de Perdón?

A mí me gusta también cuestionar las películas infantiles ¿Es la mejor decisión aislar a las hermanas Elsa y Ana en Frozen? ¿Qué transmite sobre el modo de tratar a alguien diferente?

Repito, la clave está en las preguntas o, en palabras de Alejandro Jodorowski, la relación que establecemos con lo que nos importa, con la búsqueda de la sabiduría, con lo sagrado. Y ésta se puede encontrar en una película o en un chiste.

Mira con atención

¿Con qué frecuencia te preguntas sobre lo que ves, oyes, o vives?
¿Cómo haces para extraer aprendizajes sobre lo que contemplas o te sucede?
¿Cómo es tu relación con el conocimiento, la sabiduría… lo sagrado?

Si quieres, puedes dejar un comentario con tus reflexiones o dar tu opinión. Puede ser útil para otros y para el autor.

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