Envidia, ni tenerla ni temerla.

Amadeus

La vida, éxitos y excesos de Wolfang Amadeus Mozart (Tom Hulcevistos a través de los ojos del compositor Antonio Salieri. Su envidia enfermiza hacia el talento del músico austríaco lo llevan a culparse de su asesinato.

Amadeus cuenta la historia de una envidia abrumadora. Antonio Salieri (F. Murray Abraham) se encomendó a Dios para dedicarse en cuerpo y alma a la música, para ser el “elegido”, el preferido de la corte, marcar una época y ser recordado. Dentro de su limitado talento, todo va saliendo relativamente bien hasta que aparece un crío malcriado, volátil, hedonista e irresponsable pero capaz de crear las obras más sublimes sin demasiado esfuerzo (aparente), un portento de la música. Todo lo que un compositor podría desear. Todo lo que Salieri desea.

A partir de ahí, la vida del músico italiano da un vuelco, se obsesiona, poco a poco se transforma y pone su energía en destruir al “Amado de Dios”.

Definiciones

Entendamos un poco esta denostada e incómoda emoción y comencemos por sus definiciones. Según la Rae:

Envidia: 1. f. Tristeza o pesar del bien ajeno. 2. f. Emulación, deseo de algo que no se posee.

Envidiar: 1. tr. Tener envidia de alguien o de algo, dolerse del bien ajeno. 2. tr. Desear o apetecer algo que tienen otros.

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Yo y sólo yo puede ser el favorito del emperador.

Otra definición (Word reference) se refiere a ella como: “Sentimiento de tristeza o enojo que experimenta la persona que no tiene o desearía tener para sí sola algo que otra posee.”

Como decía más arriba, la envidia está entre las emociones más desprestigiadas y mal vistas, pero también puede ser una fuente de aprendizaje y transformación.

Primero hay que distinguir las dos partes que contiene:

  • Por un lado el deseo de tener lo que otro posee, lo que en sí mismo no es algo perjudicial, salvo si te ata a lo que no tienes y te causa ansiedad el querer tenerlo.
  • La otra parte es la más dañina, la que mina la relación con el otro y con sí mismo: la tristeza y pesar por el bien ajeno.
Distinciones: envidia y admiración
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Admirar u envidiar ¿dónde está la diferencia?

A partir de estas dos vertientes podemos establecer otra distinción: envidia y admiración.

Si hacemos la reconstrucción lingüística de ambas emociones encontramos que ante el mismo factor: el logro, la conquista o el bien que posee otro hay dos posibles reacciones:

En uno encontramos el pesar –tristeza o enfado- ante el logro ajeno. Digamos “sentirse mal” ante el bien ajeno, esto es envidia.

En la admiración o, como se le suele llamar, la envidia sana, nuestra reacción ante el bien ajeno no es de pesar, es de alegría, de respeto y aprecio. Lingüisticamente sería: “Me alegro de lo que has logrado, si yo estuviera en tu lugar, me gustaría haber alcanzado lo mismo que tú”. Esto es, permanece el deseo por lo que el otro posee, pero la reacción es la inversa.

En nuestra película, sería que Salieri, ante la evidencia del talento de Mozart, en vez de llenarse de pesar y odio, se hubiera alegrado de lo que oía y de su autor, aún consciente que nunca va a componer como él (como bien sabemos, si fuera así, no habría película o sería mucho más sosa).

Si no es mío, no será de nadie

Hay otro elemento de la envidia que es la que nos hace movilizarnos: como nosotros no tenemos lo deseado, entonces tú tampoco lo vas a tener. Esta es quizá la parte más destructiva, aunque sea a nivel del lenguaje sin compartir nuestros personajes. Pero en algunos casos sí se convierte en acción llevando nuestros esfuerzos a quitar al otro lo que tiene, o al menos, destruirlo.

El clásico comportamiento de “enlodar” los logros de alguien, denostar a su autor, rebajar el  mérito de lo realizado o las habilidades del hacedor, son parte de ese intento, a veces muy bien logrado, lograr que, si yo no poseo su bien, al menos el otro no pueda disfrutarlo.

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Tranquilo, que yo te ayudo… a consumirte.

Estas acciones son producto, de la rabia, incluso del resentimiento: la sensación de injusticia:  a mí las cosas no me van como yo deseo, por qué no tengo lo que ella o él sí tiene. En este aspecto se relaciona con otra emoción relacionada con lo que “pertenece a otra u otro”: los celos.

Salieri da un paso más, para destruir lo que Mozart posee, su talento, tiene que destruirlo a él.

¿Qué podemos aprender de la envidia?

La envidia, como todas las emociones, es un indicador, una guía sobre nuestra experiencia y juicios sobre el momento que vivimos. Si estamos conectados con el deseo de vivir mejor, hacer consciente lo que sentimos, por incómodo que sea, lo podemos usar a nuestro favor.

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Vengo a por mi encargo. “Persona envidiosa no puede ser dichosa” (refrán)

Al identificar qué nos produce envidia, distinguimos las cosas o temas que nos interesan, lo que deseamos. El deseo puede funcionar como motor para ir hacia una vida más completa… o no.

Al hacer una reconstrucción de nuestra emoción, identificaremos qué es lo que el otro tiene que yo quisiera para mí, y esto puede ser una vía para empezar a actuar para lograrlo.

Conectar con el deseo perturbador nos permite iluminar la zona que oculta que a veces el contexto o circunstancias hacen imposible lograr lo que deseamos. Desde allí podemos hacer un proceso de aceptación que nos lleve a la tranquilidad (personalmente no creo en las corrientes que postulan que “puedes conseguir todo lo que pretendes”, ese todo, es peligroso y contraproducente).

Otro beneficio de este examen es ver que lo que está detrás del deseo por lo que el otro tiene esconde un anhelo más profundo, un sentimiento inespecífico: tras mi querer, por ejemplo, el trabajo de otro, se esconde la necesidad “de ser reconocido, respetado –por los colegas, los miembros de mi familia…-; ser alguien…”. Esto nos abre nuevas puertas de exploración y otras posibles acciones.

¿Y qué pasa con Mozart?

La otra cara de la moneda es qué pasa si soy yo quien produce envidia en otras personas.

Para mirar este aspecto, echo mano del refranero popular:

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“Más vale ser envidiado que envidioso” dice el refrán.
  1. Quien nada vale, nadie envidia”; “la envidia sigue al mérito como la sombra al cuerpo”. Si alguien tiene envidia de ti, sería porque “algo estás haciendo o algo tienes” que otro desea.  ¿Qué hago con ello? Puede ser un indicador de estar actuando en buena dirección, u obteniendo algo deseable. Pero, hay que mirarlo con atención, porque ¿lo estás haciendo bien según quién? Estaríamos valorando nuestros logros o bienes a partir de un juicio externo, no desde mi fuero interno. Si no tenemos claro aquello, podemos sentirnos presos de los juicios y emociones del otro.
  2. “Si tu envidia callaras, tu vecino no te envidiara” o “Más te debes guardar de la envidia de un amigo que de la emboscada de un enemigo”. Estos refranes conectan con el temor a ser envidiado, lo cual puede ser un factor inmovilizador, un juicio que nos inhibe para conquistar nuestros objetivos. En ocasiones, a  partir de juicios primarios como “no molestar a los demás, no incomodar o no destacar para no generar animadversión” caemos en la trampa de la parálisis para contentar o al menos no ser mal recibidos por a los demás.

Quizá la vejez de Salieri hubiera sido más pacífica si hubiera puesto en práctica el dicho: “Envidia, ni tenerla, ni temerla”, pero no tendríamos la historia de Peter Schaffer.

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“La envidia, dice el autor, es martillo destructor” (refrán)
Mira con atención

¿Qué reacciones te genera saber que otro logra algo que tú deseas? ¿Cómo actúas, o piensas, a partir de constatar ese hecho?
¿Puedes usar la envidia como un indicador para tu bienestar o te atrapa en el resentimiento?
¿La idea de no ser envidiada/o ha influido en tu modo de emprender un proyecto o adquirir un bien deseado?

Amadeus (1984) 

Guion: Peter Shaffer
Director: Milos Forman
Con: F. Murray AbrahamTom HulceJeffrey Jones entre otros.

Una oportunidad (casi) perdida, por un mal hábito

Cuatro Bodas y un funeral

Durante cinco eventos sociales, un soltero convencido se cuestiona la posibilidad de no encontrar nunca el amor. Algo cambia cuando Charles piensa que su ha encontrado a su “media naranja” en Carrie, una mujer estadounidense.

Esta ya clásica comedia romántica inglesa de los 90’ es un referente para nuestra generación y es quizás la obra más redonda de su guionista y productor, el prolífico Richard Curtis. A través de cinco momentos muy determinados, nos muestra la evolución de Charles y sus amigos, un grupo peculiar y atípico que se revuelve en la búsqueda una relación profunda y duradera.

Boda 1
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Alguien me ha “curvado el espacio” (ha cambiado el foco de mi mirada… para siempre)

En la primera de las bodas, Charles (Hugh Grantconoce a Carrie (Andie MacDowell), una desinhibida norteamericana con la cual termina esa noche en la cama. A la mañana siguiente, la vida de Charles casi cambia, pero no. Mientras Carrie se viste y prepara el bolso en silencio para partir de regreso a EEUU, le pregunta a él cuándo van a anunciar su compromiso/noviazgo, porque, después de haber dormido juntos, es obvio que se tienen que casar. Él casi se cae de la cama, hasta que se da cuenta que es una broma. Sin embargo, ella apostilla: “Pienso que aquí ambos hemos perdido una gran oportunidad”. Él no reacciona. Mal.

“Ese” momento pudo haber cambiado el devenir de ambos personajes.

Boda 2
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Con este cura nada puede fallar.

¿Qué pasa entre la primera y segunda fiesta? Nada. No hay contacto entre ambos. Más tarde él reconocerá que no la llamó, aunque lo pensó, pero ella tampoco. En su defensa hay que decir que en ese tiempo no había ni Facebook, ni Whatsapp y llamar larga distancia salía caro.

Es durante la segunda boda cuando Charles se da cuenta que ha perdido su oportunidad –ella viene acompañada- y se pregunta por qué siempre asiste a bodas y nunca es él que se casa.

Y es cierto, dejó pasar una gran oportunidad. ¿Por qué la dejó escapar? ¿Qué pasó que no se abrió siguiera a la posibilidad?

Boda 3

El golpe para Charles viene en forma de invitación: la novia es Carrie que se casa con un refinado –y aburrido- noble escocés.

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Con estas confesiones, ¿cómo dudar que son el uno para el otro?

Charles y Carrie se encuentran el día antes en la tienda de la lista de carísimos regalos, pasan un buen rato juntos, relajados, con la suficiente intimidad como para contarse con cuántas personas se ha acostado cada uno. Cuando  ya se van a separar, Charles hace un intento por ser honesto con lo que siente hacia ella y expresar lo que siente. Pero… en vez de preguntarle a ella lo que siente por él, se responde así mismo: “es una locura, no es el momento, seguro que es no” y se despiden. Otra oportunidad perdida.

Un mal hábito, contestar uno mismo por la otra persona
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Mira, yo, lo que ocurre, es que… mejor déjalo, es una locura.

Lo más relevante de este momento, y lo que nos tiene que interpelar, es aquel gesto, para algunos un hábito, del protagonista de preguntar y responderse uno mismo. O no preguntar siquiera, dando por real lo que yo pienso que va a responder el otro. Con ello no sólo cerramos la puerta al diálogo, a dar a conocer a la otra persona lo que pienso o, principalmente, siento. También estoy tomando la decisión por el otro, no dejando que se exprese y por tanto, actúe como legítimo otro. Al dar por sentada mi idea como la verdadera, porque según mis juicios es lo más lógico, lo más conveniente, lo más respetable, lo menos incómodo o lo que sea, estoy quitando potestad a quien tengo al frente, estoy infantilizándolo. Y puede que no sea esa mi intención, pero lo estoy haciendo.

Hace un tiempo hablamos de cómo en Deadpool, el protagonista decide por su pareja, queriendo evitarle el trastorno que significa tener que vivir y ver morir a alguien con cáncer. Considerando que es lo mejor para ella, coge sus cosas y se va. Lo hace por ella. Del mismo modo, Charles, no termina de formular la pregunta y decide que no es lo adecuado, que es una locura. Él decide que no se puede interrumpir el curso natural de las cosas (la boda es al día siguiente). Y en ello hay varias trampas: la primera, creer que él con su encanto va a evitar que las cosas pasen, sin siquiera contrastar si ejerce sobre ella ese encanto. La segunda, que de haber una atracción recíproca, no quiere ponerla a ella en situación de tener que decidir y lo hace él.

¿Y si fuera por otra cosa?

Otra lectura es que él quiere evitarse el mal trago de recibir de boca de Carrie la respuesta que ella no siente lo mismo que él siente por ella. Es decir que quiere evitar el rechazo. Pero visto lo visto, el “rechazo”, entendido como no estar juntos, ya lo tiene. Aunque es verdad que escucharlo explícitamente puede ser más duro que quedarse con la idea de que podría haber sido.

Un final feliz, a pesar de todo
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Ahora sí que la he cagado… y con “Cara de Pato”

Afortunadamente para Charles y Carrie, el guionista les da una nueva oportunidad, y a él un hermano mudo que es capaz de hablar por él –quizá uno de los artefactos de guion más acertados y originales de esta comedia romántica. Además de darles una buena lluvia para terminar la historia.

Es digno de consignar que en la escena de la boda fallida de Charles, las cosas salen más disparatadas (o “más mal”) que si hubiese confesado a Carrie lo que sentía aún a riesgo de cancelar la boda de ella el día anterior

Mira con Atención

¿Estás atenta/o a coger los momentos que pueden cambiar tu vida o al menos estar abierto a tentar un cambio?

¿Con qué frecuencia usas el recurso de preguntar y responder tu misma/o, decidiendo por ambos sin reconocer el derecho del otro a responder? ¿Qué consecuencias ha tenido para tu vida?

Cuatro Bodas y un Funeral (1994) 

Guion:  Richard Curtis
Director: Mike Newell 
Con Andie McDowell, Hugh Grant, Kristin Scott ThomasJohn Hannah entre otros. 

IMDB

Terminemos románticamente

Guía para la desilusión por Judas Iscariote

Jesus Christ Super Star

Judas es un idealista, un luchador, un tipo comprometido con su tiempo y con su pueblo. Ha puesto todas sus esperanzas, todas sus expectativas, en su amigo y maestro, Jesús de Nazaret. Pero éste no ha cumplido.  La pregunta es ¿Qué le prometió Jesús a Judas y qué fue lo que el discípulo imaginó tenía que ser la misión de su líder?

Un producto de su época

La Semana Santa conmemora la pasión y muerte de Jesucristo. Películas sobre este hito se han hecho muchas y en muchos tonos. La mayoría épicas, otras abiertamente catequísticas o panfletarias y alguna en tono de sátira como La vida de Brian (aunque en rigor, Brian no es J.C.).

Jesus Crist Super Star es la adaptación de una “ópera rock” escrita a principios de los ’70 por Andrew Lloyd Webber y Tim Rice, primero como un disco conceptual que luego fue llevado a escena y que se sigue representando hasta nuestros días.

En su estreno en 1973, la película causó mucho impacto no sólo por ser un musical con estética hippie, si no porque el énfasis del relato está puesto en lo humano, centrando la acción y el tono en la flaqueza y, sobre todo, en la duda de los personajes. Para algunos esto fue considerado una herejía. A pesar de ello, estuvo entre las diez cintas más vistas ese año.

El meta lenguaje

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Jimmy McGill (Saul Goodman) atrapado por el juicio de su hermano Chuck

Better Call Saul (Temporada 1)

Un abogado de poca monta intenta abrirse camino en medio de muchas estrecheces. Pero, sobre todo, busca encontrar su lugar en el mundo. Pero Jimmy ha puesto la atención en la expectativa ajena, no en sí mismo. Eso, tiene su precio.

La serie spin off o precuela de Breaking Bad, nos cuenta la historia de Saul Godman (Bob Odenkirk), deslenguado abogado que no sólo saca de aprietos a Walter White y Jesse Pinkman sino que se enreda con ellos en su ruta criminal, creando coartadas, ayudando a lavar dinero y dando las herramientas para seguir con el negocio del profesor de química.

Nos remontamos a seis años antes, cuando aún no es Saul Goodman, y descubrimos que en realidad es Jimmy McGuill. Tiene su miserable despacho/habitación en el fondo de un salón de manicura coreano, un coche de 500$ y mal vive con casos del turno de oficio.

La primera sorpresa con esta serie es el tono. Lo que parecía que iba a ser una comedia criminal, con chascarros y situaciones difíciles de salir, lo es sólo en los dos primeros capítulos. A partir de ahí, vamos conociendo su pasado, cómo ha llegado a estar en el lugar en que está y sobre todo, las profundas luchas internas, rabias, torpezas e intentos por encontrar su espacio. Con estos ingredientes, la serie va cogiendo dramatismo y profundidad.

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Mucho antes del Cadillac blanco

Tras su verborragia y desplantes histriónicos hay un deseo de superación y una ética que lo lleva a “hacer lo correcto” cuando podría “tomar el dinero y correr”. Como espectador se impone la pregunta ¿en qué momento dará el giro y convertirse en el Saul Goodman que ya conocemos?

El camino de Jimmy

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2018: Seguir aprendiendo como espectador

Hace algo más de un año comencé este blog como invitación a mirar con atención la ficción audiovisual, extrayendo de ella aprendizajes que aporten a nuestras vidas.

Como explicaba en la entrada de presentación, “las historias son experiencias emocionales con significado” (Robert Mckee) y la búsqueda de este significado es una fuente relevante de aprendizajes y sabiduría.

Nuestra materia prima: la ficción
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Familia que ve la tele unida…

Desde hace más de un siglo se hacen películas de cine y, algo menos, las series de televisión ocupan una parte importante de la programación. Pero nunca como ahora han estado tan a la mano.

Si hasta hace poco teníamos que ir al cine para ver las películas, y si no podías verla en la gran pantalla había que esperar a una reposición o que la pusieran en televisión. Y en la pequeña pantalla, tanto películas como series se programaban en un día y hora. Si no estabas en ese momento frente al aparato te lo perdías. Si esto ocurría, nos conformábamos con los comentarios de otros al día siguiente o, si era el caso, intentar ponernos al día con el resumen “en capítulos anteriores”.

Hoy  podemos ver casi cualquier historia en casi cualquier momento. Basta tener conexión a internet o habérnosla descargado previamente en nuestro equipo. Si además, ni siquiera necesitamos tener un televisor delante, la vemos en el ordenador, Tablet, teléfono móvil o a través de la consola.

Entonces, habiendo tanta disponibilidad de ver ficción, de empaparnos de estas experiencias emocionales y cognitivas, tenemos que aprovechar la oportunidad de usarla como fuente de aprendizajes además de entretenernos. Continuar leyendo “2018: Seguir aprendiendo como espectador”

Jack Skeleton necesita encontrar su IKIGAI

Pesadilla antes de Navidad / El Extraño Mundo de Jack

En Pesadilla antes de Navidad/El Extraño Mundo de Jack (The Nightmare before Christmas), Jake Skellington, aburrido de la misma rutina de sustos y gritos, quiere repartir la alegría de la Navidad.

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Santa y uno que no se ha portado muy bien (con él)

Pero su misión pone a Santa en peligro, además de crear una pesadilla para los niños y niñas del mundo y poner su propia vida en peligro. La desazón del Rey Calabaza nos muestra un camino para encontrar nuestra razón de ser.

La navidad y la ficción

Acabamos de terminar todo el ciclo navideño y dependiendo del hemisferio en que te encuentres comienzan las vacaciones de verano o un nuevo ciclo laboral, en ambos casos marcado por propósitos y, muchas veces con intenciones de cambio.

Personalmente, no soy muy amigo de las películas sobre Santa Claus, Papá Noel o Viejito Pascuero (sí, en Chile le llaman así). En general, no comulgo con la idea de contar a los niños que un anciano vestido de rojo en un trineo tirado por renos que vuela desde el polo norte reparte regalos por todo el mundo. Para ser justos, lo mismo me pasa con los tres monarcas de Oriente (y supongo que de África). Y las películas sobre sus aventuras y conflictos no me convencen.

De todos modos, vamos aprovechar para poner el foco y la atención en una película con temática navideña que nos puede regalar grandes lecciones que al fin y al cabo es de lo que se trata este blog. Para ser justos, su temática se reparte entre navidad y halloween, pero la acción se sitúa justo los días antes.

Pesadilla antes de Navidad/El Extraño Mundo de Jack (The Nightmare before Christmas) es una película de animación por stop motion (muñequitos que se mueven cuadro a cuadro), surgida a partir de un concepto de Tim Burton –también productor- y dirigida por Henry Selick.

Ser un tipo súper pro no basta

Jack Skellington es el rey del mundo de Halloween (The Pumkin King), el gran experto en el terror en la noche de brujas; es respetado por sus pares y admirado por los pequeños de Halloween Town, el singular pueblo donde todo es terrorífico, aunque ninguno vive con miedo.

Nuestro protagonista se define a sí mismo como “un profesional, un maestro infernal al que el mismo Lucifer lo puede envidiar”. Pero, está aburrido por la rutina de sustos y gritos año a año:

“Muy dentro en mi interior hay un vacío aterrador, qué sensación en mi corazón surgió inesperado y veloz”, clama compungido. “Hay soledad en mí corazón y necesito más calor. La fama no me ayudará, mis lágrimas vacías están”.

Todo el éxito y la fama han dejado de tener sentido. Tras su momento de desolación cae en la ciudad de la navidad y se abre para él un mundo desconocido y alucinante, maravillándose con sus luces, la alegría y los colores.

En ese momento cree encontrar un nuevo sentido a la vida. Siente que su misión ha cambiado que tiene que dedicar su pasión y misión a llevar adelante la navidad, repartir los regalos, entregar a su manera toda la alegría de esta festividad.

Y el quid está en “a su manera” la forma en que él conoce y sabe hacer las cosas. En el caso de Jack, su modo de ver el mundo es a través del miedo. Es cierto que no es el miedo profundo, el paralizador el vital. Es un terror juguetón, son sustos dentro de la tradición anglo sajona de Halloween. Pero claro, nada tiene que ver con el espíritu de paz y amor que caracteriza a la navidad en esas –y otras- latitudes.

La historia y los personajes de esta película tienen muchas aristas a las que mirar con atención (por ejemplo la relación del Científico Malvado (William Hickey), con Sally (Catherine O’Hara), la mujer que ha creado, da para un post entero).

Jack, un tipo con iniciativa

Pero la iniciativa de Jack convierte la alegre navidad en una verdadera pesadilla, además de poner en serio riesgo su vida y la de Santa Claus. La conclusión fácil sería “pastelero a tus pasteles”. Pero eso es demasiado fácil y en este blog nos gusta lo complejo (que no complicado).

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Ahora la navidad será mi reino.

Si ponemos atención a su estado emocional, a la repercusión sobre su estima, a la ceguera en que cae que, producto de su propia arrogancia no le deja escuchar siquiera a la única voz sensata en Halloween Town: Sally; esto requiere de  una transformación profunda que le permita verdaderamente encontrar un sentido de vida.

Para este fin vamos a adentrarnos en una filosofía de vida que viene desde el Japón: El Ikigai.

¿Qué es el IKIGAI?

El objetivo de este enfoque es esencialmente encontrar “la razón de ser” de cada uno que es lo que ha perdido Jack según nos canta en  su monólogo inicial. Nada puede con su sensación de vacío, de falta de un motivo para estar en el  mundo. ¿Te suena conocido?

El Ikigai es, según los estudiosos, una de las razones de la longevidad japonesa.

Lo que en palabras de  Francesc Miralles, coautor de Ikigai: los secretos de Japón para una vida larga y feliz, aporta este método es “una motivación vital, una misión, algo que dé fuerzas para levantarse de la cama por las mañanas”.

Como veremos no se trata de algo metafísico ni místico sino de un enfoque que se centra en preguntas fundamentales que tienen que guiar tu forma de vivir para encontrar lo que Jack ha perdido.

Los puntos en que se basa el Ikigai
  • Lo que nos apasiona,
  • Lo que somos buenos haciendo
  • Lo que el mundo necesita de nosotros (lo que podemos aportar)
  • Lo que nos puede dar un sustento (lo que están dispuestos a pagarnos por ello).

“El objetivo es identificar aquello en lo que eres bueno, que te da placer realizarlo y que, además, sabes que aporta algo al mundo. Cuando lo llevas a cabo, tienes más autoestima, porque sientes que tu presencia en el mundo está justificada. La felicidad sería la consecuencia”, en palabras del mismo Miralles.

Dicho así, la interacción de estos factores nos da un camino marcado por cuatro cosas. Más fácil que explicarlo es mostrarlo en un sencillo esquema:

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Puedes imprimirlo y pegarlo en tu cocina.

Los cuatro factores principales interactúan entre sí, el encuentro entre lo que amas y lo que eres bueno es la Pasión; entre lo que amas y el mundo necesita es tu Misión, entre lo que el mundo necesita y aquello por lo que te pueden pagar es la Vocación y entre lo que te pueden pagar y lo que eres bueno se concreta en la Profesión.

Así dicho suena sencillo. Y lo es, otra cosa es llevarlo a la práctica, atreverse a seguir lo que vas encontrando como motivador y perseverar.

¿Cuándo buscar el IKIGAI?

Según los que saben, cualquier momento de la vida es bueno para hacerse estas preguntas, pero según los expertos, son dos especialmente indicados, uno, en la adolescencia, cuando tienes que elegir una carrera, y la otra cuando te sientes estancado en tu vida profesional y sientes que no estás en el lugar adecuado, como Jack, quizá cercano a lo que otros llaman “crisis de la mitad de la vida”.

Sólo es cosa de hacerse unas preguntas.

Una pista esencial para orientarse en la búsqueda está en volver la vista y los afectos hacia tu niñez: conectar con esas actividades en que te sentías a tus anchas, que se te iba la hora y te encantaban. Muchas de ellas a la hora de decidir un camino o un trabajo parecen “poco rentables” y quedan enterradas… pero siguen allí.

¿Y si no soy bueno pa’ na?

No sentirse capacitado para nada o sentir que no tengo nada que aportar es un juicio sobre nosotros que en muchos casos vamos asumiendo a medida que crecemos y que luego, como todo juicio maestro, tiñe nuestra mirada sobre nosotros y sobre el mundo. Y para bien o para mal, no hay nadie que no sirva pa’ na. Todos somos servimos para algo aunque muchas veces no lo desarrollamos. Ese algo en lo que nos podemos desarrollar quizá no es muy vistoso o bien considerado socialmente, pero rebuscando lo podemos encontrar.

Dicho de otro modo, no es necesario ser un genio ni súper creativo ni un gran líder. Puede que lo tuyo sea barrer hojas o contar tornillos y si te permite encontrar tu camino, sigue por él.

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Jack tiene su recompensa cuando vuelva a conectar con sí mismo.

El costo de la aventura navideña de Jack es alto: cientos de niños aterrorizados, Santa Claus a punto de morir torturado por el Coco/Cuco (Oggie Boogie Man) y Jack derribado con cohetes anti aéreos del ejército. Espero que en nuestras vidas no lleguemos a tanto para encontrar lo que nos puede motivar, ayudar a salir de la cama, a aguantar el metro, otras aglomeraciones y exigencias para cumplir nuestra misión. Aunque puede que nuestro IKIGAI no vaya por allí.

Mira con Atención

 ¿Cuál es tu elemento? ¿En qué contexto te sientes a gusto y realizado? (solo o acompañado, con ruido o silencio, al aire libre o en un despacho).

– ¿Con qué actividades se te pasa el tiempo volando?

– ¿Qué te resulta fácil hacer? ¿Qué habilidades especiales tienes, tanto físicas como intelectuales o emocionales?

– ¿Qué te gustaba cuando eras niño? Cuando el juicio sobre ti mismo era menor y te movías espontáneamente.

¿Te has propuesto encontrar tu razón de ser?

Si quieres saber más puedes consultar en: https://elpais.com/elpais/2017/10/31/buenavida/1509440484_558515.html
http://www.bbc.com/mundo/vert-cap-40964286
http://www.francescmiralles.com/article/262

O lee el libro: Ikigai: los secretos de Japón para una vida larga y feliz. Fracesc Millares y Héctor García. Editorial Urano.

Si lo deseas, puedes dejar un comentario que nos sirva a todos.

The Nightmare Before Christmas (1993)ikigai psicología y cine

Pesadilla antes de Navidad o El Extraño Mundo de Jack

Guión: Tim BurtonMichael McDowell y Caroline Thompson
Dirección: Henry Selik
Con: Danny ElfmanChris SarandonCatherine O’Hara y más.

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El dilema de Isabel II: tradición, cambio y compasión

The Crown (T1) parte 2

En la entrada anterior hablamos de la dificultad para adaptarse a los cambios de época que muestra el Primer Ministro Wiston Churchill, el héroe que se niega a aceptar que sus tiempos, al menos frente al gobierno, han pasado.

Veamos ahora cómo viven los miembros de la casa real, “sus altezas” los avatares propios de ser parte de una institución centenaria e inmutable.

Según se repite una y otra vez a la novata reina y a su rebelde hermana Margarita, la imperturbabilidad y el apego a la tradición es lo que ha hecho que la corona perdure y sea la fuente de estabilidad del Reino Unido. Los momentos en que alguno de sus miembros ha antepuesto su propia autonomía es cuando todo se ha visto amenazado, especialmente cuando su tío Eduardo VIII decide abdicar para seguir los dictados de su corazón.

El trabajo más duro de la soberana

Uno de los tópicos que repiten como un mantra a la joven reina es que su principal tarea es no hacer nada. La anciana reina María le insiste:

“Hacer nada es el trabajo más duro. Y va a requerir toda la energía que tienes. Ser imparcial no es natural, no es humano”.

Sentimientos, consuelo.
A ver quién desafía al Primer Ministro

La versión original de la serie House of Cards, la británica, nos regala en su segunda temporada un ejemplo muy gráfico de esto. En esta entrega, que se llama en rigor To Play the King, el ficcionado rey ve con horror las injusticias que sufre su pueblo y cree en la necesidad de modernizar el estado en pro de los súbditos. Tomar partido por esta causa lo lleva a una lucha frontal contra el todopoderoso Primer Ministro conservador Francis Urquhart (Ian Richardson ) –el homólogo de Frank Underwood (Kevin Spacey) en la versión americana-.

El rey rompe la regla de oro y se da de bruces contra el maquiavélico Urquhart. Viendo los capítulos le damos la razón al rey (Michael Kitchen), conectamos con él porque es empático, porque es compasivo con su gente. Pero la falta de escrúpulos y astucia del líder de los Toris se imponen. Aunque quizá es el precio que paga el buen rey por salirse del guión ancestral, lo contrario a lo que hace Isabel II. Continuar leyendo “El dilema de Isabel II: tradición, cambio y compasión”